En esta oportunidad quiero compartir un poema de Aquiles Nazoa, el cual es uno de mis favoritos sobre cualquier otro.
Si alguien llega a leer esto, espero sea de su agrado, así como lo es del mío:
Verdaderamente, nunca fue tan claro el amor
como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.
Hans y Jenny eran soñadores y hermosos,
y su amor compartían como dos colegiales comparten sus almendras.
Amar a Jenny era como ir comiéndose una manzana bajo la lluvia.
Era estar en el campo y descubrir que hoy amanecieron maduras las cerezas.
Hans solía contarle fantásticas historias
del tiempo en que los témpanos eran los grandes osos del mar.
Y cuando venía la primavera, él le cubría con silvestres tusílagos las trenzas.
La mirada de Jenny poblaba de dominicales colores el paisaje.
Bien pudo Jenny Lind haber nacido en una caja de acuarelas.
Hans tenía una caja de música en el corazón, y una pipa de espuma que Jenny le diera.
A veces los dos salían de viaje por rumbos distintos.
Pero seguían amándose en el encuentro de las cosas menudas de la tierra.
Por ejemplo, Hans reconocía y amaba a Jenny en la transparencia de las fuentes
y en la mirada de los niños y en las hojas secas.
Jenny reconocía y amaba a Hans en las barbas de los mendigos
y en el perfume del pan tierno y en las más humildes monedas.
Porque el amor de Hans y Jenny era íntimo y dulce
como el primer día de invierno en la escuela.
Jenny cantaba las antiguas baladas nórdicas con infinita tristeza.
Una vez la escucharon unos estudiantes americanos,
y por la noche todos lloraron de ternura sobre un mapa de Suecia.
Y es que cuando Jenny cantaba, era el amor de Hans lo que cantaba en ella.
Una vez hizo Hans un largo viaje y a los cinco años estuvo de vuelta.
Y fue a ver a Jenny y la encontró sentada,
juntas las manos, en la actitud tranquila de una muchacha ciega.
Jenny estaba casada y tenía dos niños sencillamente hermosos como ella,
pero Hans siguió amándola hasta la muerte,
en su pipa de espuma y en la llegada del otoño y en el color de las frambuesas.
Y siguió Jenny amando a Hans,
en los ojos de los mendigos y en las más humildes monedas.
Porque verdaderamente, nunca fue tan hermoso el amor
como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind,
el Ruiseñor de Suecia.
Aquiles Nazoa
viernes, 27 de marzo de 2009
miércoles, 25 de marzo de 2009
¿Qué es esto?
Soy nuevo en estas cosas de los blogs, aunque desde hace rato quería uno. La meta? expresión natural.!! Sencilla, fugaz, con sentimiento y sin arrepentimientos.. Quien no ha querido alcanzar esto alguna vez.?
Ahora, lo paradójico de la situación es que no hay iniciativa perdurable que mantenga un sentimiento de expresión oral en el tiempo con la misma intensidad, vehemencia y pasión que cuando este se manifiesta con la escritura, al menos esa es mi opinión, por ello nace esto, que en pocas palabras no es más que: Un poco de todo..!! Algo ambiguo, algo tenue, lleno de tonalidades que expresan lo lúgubre o incandescente de un cromático sentimiento que revive con cada nueva esencia de mujer que apareció, aparece o aparecerá en este taciturno caminar que es la vida..
Quien no ha sentido este tipo de cosas? quien este libre de pecado, que se sienta en la libertad de expresarlo aquí..
Ahora, lo paradójico de la situación es que no hay iniciativa perdurable que mantenga un sentimiento de expresión oral en el tiempo con la misma intensidad, vehemencia y pasión que cuando este se manifiesta con la escritura, al menos esa es mi opinión, por ello nace esto, que en pocas palabras no es más que: Un poco de todo..!! Algo ambiguo, algo tenue, lleno de tonalidades que expresan lo lúgubre o incandescente de un cromático sentimiento que revive con cada nueva esencia de mujer que apareció, aparece o aparecerá en este taciturno caminar que es la vida..
Quien no ha sentido este tipo de cosas? quien este libre de pecado, que se sienta en la libertad de expresarlo aquí..
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